25 enero 2007

LA PELOTA DE BALONCESTO


¿Se han parado alguna vez a pensar, precisamente, que siente o piensa el balón de baloncesto? Sí, ya sé que es un objeto inerte, que no siente, que no padece, que no piensa. Pero no es lo que opinamos los que llevamos en las venas la pasión por este Deporte. Para nosotros es un actor principal, el auténtico protagonista. No existe ese gran pívot reboteador, ni el excelente base pasador, ni el mortífero alero tirador, si no tiene en sus manos el balón. Yo personalmente la llamo pelota de baloncesto. Me gusta nombrarla en femenino, por el trato. Tiene que ser dulce, suave, agradable, delicado, porque si no, ella te será ingrata, rancia, caprichosa e incluso escurridiza. Quién no ha visto seis jugadores tirándose a por ella y salir victoriosa de tanta lujuria. Parece que está viva, y que decide…ahora no entro, ahora aunque creáis que no, pues sí. Da igual que la lances desde abajo y no quiera, como la despeches desde veinte metros y se meta en su objetivo. A veces hasta descansa en el aro. Todos la quieren, y a veces ella decide que dejará para el último segundo su protagonismo. Es en ese último tiro desesperado, desde siete metros o desde cuatro setenta (tiro libre), cuando todo el mundo, espectadores, jugadores, técnicos, y árbitros, enmudecen con un solo objetivo: ver qué decide. Y entró. Y entonces derrumba a unos y encumbra a otros. Un bando la maldice, tal vez la pateen (es el máximo desprecio en el mundo de la pelota de baloncesto), y en el otro la besan, la abrazan con fuerza entre gritos de alegría, incluso la meten debajo de la camiseta. Es la única vez que podréis ver sin pudor a un hombre en estado de gracia, y riéndose.
Cuando todos la dejan, y apagan las luces, llega su descanso. Irá al carro de pelotas junto a sus compañeras. Otro día les tocará a ellas. Mientras, comentará a todas lo vivido en el partido. Recordará el que la maltrató en un mate, las manos frías de los árbitros, el que la paró con el pie, el guapísimo de la bandeja, que suavidad, que dulzura…Mientras, los jugadores, cuando quemen su endorfina volverán a pensar en ella. Obsesión.


Antonio Gallardo