
Morón está de luto. Los Salesianos. El Deporte. La U.D Morón. El Club Baloncesto Morón. Porque Abel Ramón González Gonzalo, era uno de los nuestros. Y es que Ramón, sin ser un hombre técnicamente formado en el Deporte, animó desde su docencia a la práctica deportiva, a todos los alumnos que pasaron por sus manos. Los Salesianos, han sido el máximo “vivero” del baloncesto local gracias a su apoyo. Todavía recuerdo el día que cambió mi vida un noviembre de 1980, cuando con su fino acento castellano leonés, irrumpió en una temprana clase de 6º de EGB de los Salesianos. Allí se encontraban jugadores que han pasado por el baloncesto de Morón, haciendo historia. Nos animó a todos a participar en la reunión del recreo para formar el equipo del colegio. Nos insistió a los grandes. Cuando llegó la hora, allí estaba con Jesús Escalera, que iba a ser el entrenador. Ahí comenzó todo. En tres años que nunca olvidaré de mi vida deportiva, ganamos ligas locales, participamos en provinciales, y lo más importante: hice grandes amigos. Recuerdo los viajes en su Renault5 blanco, que tiempos… Todo eran consejos hacia el deporte. Luego cuando nos dejó de su mano, aunque siguió convenciendo a muchos otros, y cambiamos colegio por el Club (entonces Arunci), seguían los consejos, y sus ánimos desde la banda.
Son épicas sus broncas a los árbitros cuando veía alguna injusticia para sus equipos. Sin duda era un hombre visceral, apasionado con lo que él apoyaba.El tiempo (el poco tiempo), lo apartó sólo un poco del Baloncesto, y luego vendría el fútbol de su hijo Fernando. Pero siempre que lo veía, y me paraba a hablar con él, sabía cómo íbamos, siempre aconsejaba y sobre todo siempre nos apoyaba. Nos ha dejado un gran profesor, un socio, un buen hombre... y sobre todo: un amigo. Descanse en Paz.
Son épicas sus broncas a los árbitros cuando veía alguna injusticia para sus equipos. Sin duda era un hombre visceral, apasionado con lo que él apoyaba.El tiempo (el poco tiempo), lo apartó sólo un poco del Baloncesto, y luego vendría el fútbol de su hijo Fernando. Pero siempre que lo veía, y me paraba a hablar con él, sabía cómo íbamos, siempre aconsejaba y sobre todo siempre nos apoyaba. Nos ha dejado un gran profesor, un socio, un buen hombre... y sobre todo: un amigo. Descanse en Paz.
Antonio Gallardo.

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